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Mostrando entradas de 2019

La ciudad transpirada

"La amazonia rosarina no da tregua" dijo un amigo hace unos veranos, y hoy lo recuerda, sofocado, mientras planea algún viaje, a algún lado. El pavimento cocina a fuego lento. Las vidrieras transpiran sus liquidaciones. Los colectivos transportan sudor y trabajo. Y se anhelan los abanicos. Yo ultimo detalles. Afilo herramientas, doy abrazos. Recargo magias para encarar los caminos con los últimos mimos que me puede dar la ciudad. La ciudad que pide un respiro porque no da más de proyectos agendados, humanos embotallados, y porcentajes de humedad. Bienaventurados los navegantes, que dibujan pasos en los brazos del Paraná, haciéndole frente a un enero que sin agua, es batalla perdida. La terminal despide a miles de estudiantes que parten a sus pueblos. Y aquí sólo quedan los asalariados anhelando pelopinchos y envases escarchados. A la tormenta no se la ve con malos ojos cuando se acerca amenazante desde zona norte. Trae vientos frescos que aire...

Bajemos a la barranca

En la barranca está el punto de vista que preciso para no ceder ante el gris que se come todo. Un fruto espinado que empieza a mostrar su flor cuando la última semana de septiembre lo baña con su sol. Hay caminos camuflados donde te dijeron que había precipicio, y se parte el día al cruzar la barrera que en realidad nunca estuvo. Escombros de estructuras que ya no están, pájaros que le cantan al atardecer y una oxidada escalera a la nada. Cada onda que dibuja la corriente sobre el agua cura mis ojos y mi percibir. La belleza propia de la cosa en sí se puede ver cuando no hay tanto estímulo que nuble la vista. La calma y el color del río endulzan como miel a las relaciones, a la comunicación y a la mirada de unos ojos marrones. Mis recuerdos de caramelo son la prueba: un beso al amanecer, el Paraná en los ojos de la chica de San Isidro, o la vez que vimos un yacaré. Una vez creí perder mis llaves, pero al bajar de vuelta, las encontró una compañera de hechicería y rulos ...

Brujo de ojos que pueden ver

En el día de la Madre Tierra te llevaron, Santiago, brujo de ojos que pueden ver las injusticias debajo de las alfombras, detrás de las pantallas. Un ejército de periodistas mercenarios, que se venden al mejor postor, nos vendieron podridos pescados sobre tus clones, tu afición por el terrorismo, tu presencia en mil lugares, de este o del otro lado de la cordillera. Cuando el olor del pescado se sentía en todo el país, cuando el grito de tus ojos fue ensordecedor, nos dijeron que te ahogaste. En un río donde podías hacer pie. Y apareciste, de un día para otro, como si nadaras esquivando rastrillajes, río arriba de donde te corrieron. ¿Huele raro, no? Las cartas de tu billetera estaban secas. Tu celular, intacto, atendió una llamada y cortó, para luego volver a tu bolsillo, bajo agua. Huele raro. Tenían que lavarle las manos sucias a los gendarmes, esas manos que estuvieron debutando como peritos cuando tuvieron que decir que al fiscal lo habían matado. El colmo de la criminalísti...

Chino está muy bien

Una china inspirada anduvo poniendo su color en el papel. Gatos en bicicletas, abrazos con olas japonesas. Su mano se lastimó, al volcar el peso donde no va. Extraña andar dad vuelta, dibujando con los pies galaxias de lana. Dos chocolates por setenta pesos. Una sorpresa roja y blanca. Mis llaves que se pierden y se encuentran. Un dinosaurio en la barranca. Sus ganas de andar patas pa arriba y sonrisa al revés, las plasma en cuatro cuerditas, o en una carpa de acuarelas. Cuando las sábanas se entibian, todo el idioma es nuestra jerga. La distancia no duele, y yo lanzo mis mensajes con gomera desde la terraza. No es chamuyo el trébol que se asoma entre los yuyos. La sinceridad cotiza en primera, y no se compra con monedas. De cerca o de lejos, nos desvelamos por igual. Jugamos en portales entre dos ambientes. Posponemos alarmas, exprimimos naranjas. De las canciones nos adueñamos, y su tinta retrata mis costados. Fotografía mi mandíbula y espera ansiosa el revelado. Su v...

Previo a la planta

Me gusta estar en la calle cuando se prenden los faroles. Tal vez tenga que ver con eso que me pasaba cuando era adolescente, y quería estar cuando las cosas pasaban, para no estar al día siguiente escuchando a todos hablar de lo que pasó ayer. El sol se pone detrás de la escalinata, refleja sobre un barco de esos que capaz ni se mueven, mientras una familia aprovecha para sacarse una selfie. Recuerdo estar en Camaná, trabajando en el faro, sabiendo que el atardecer estaba por llegar. Volver apurado a la playa, para poder aprovecharlo, y llegar tarde. "Mañana tal vez llegue". Pero mañana tampoco hay tiempo, pasado me voy. Viajo un poco más y vuelvo a casa, donde el sol no se mete detrás del mar. Mis manos se congelan, mientras otro farol se empieza a calentar. El río me recibe y me incita a este papel llenar. Los churreros se impacientan, y la marea quiere sonar. Mis manos se congelan, mis dedos entorpecen las letras que no entran en el renglón. La caligrafía es venci...

Soy un perro callejero

Una mañana de otoño me encontró buscando asilo en los bosques de Palermo. Tenía algunas frutas, la lata cargada y unas pocas horas de sueño. La noche anterior me tuvo experimentando con los ritmos africanos, poniendo el cuerpo al son de la cultura independiente. La mañana me despertó en el departamento del Bruna, y bien temprano ya me puso a caminar las calles del centro de Buenos Aires, entre edificios gigantes con guardias de seguridad virtuales, señoras paseando sus pequeños perros carísimos, indigentes despertados de mala forma en plazoletas y el tráfico nunca muerto de las anchas avenidas. Escapándole a la sombra artificial y a los bocinazos, busqué el verde mayor que pudiera ofrecerme la parte más pudiente de la ciudad, y así llegue a los bosques. Recorriendo plazas de naciones, arrancando el pasto y refugiándome en los rincones. Fumando frente a un pantano, miro al costado y una pared me grita algo: “Los verdaderos sabios salen del bosque!” En el bosque más domado, que...

El tesoro

Un barco deja caer su ancla frente al banco en el que estoy sentado. No llego a ver bien se bandera. Puede ser de Malasia, puede ser de Holanda, o de la China capaz. De cualquier parte pueden venir a buscar algo de nuestro litoral. El viento sopla y mi remera está un poco transpirada. Un pescador saca otra carnada de su bolso, que ya se sumerge en las aguas del Paraná. El viento repercute en el río y su corriente, formando pequeñas olas, dibujos en el agua. La estación se asienta, el sol se esconde, y ya no hay mucha gente que se acerque al parque. Hay quienes vienes a compartir su cariño, obtener alimentos vivos del río, o simplemente dedicarle unos minutos de calma y un poco de humo para que se lo lleve la brisa. Una pareja pasa detrás mío y puedo escucharlos hablar de vértigos aliviados por la confianza. Yo me pregunto si el vértigo se calma sin mirar hacia abajo, o siendo conciente de la altura. Él le dice que poder mirar hacia abajo sin caer, ayuda a sanarlo. Entonces, ¿es la ...

Sanando como gatos

Flashando a contramano, pensando demasiado, cuando el teléfono me pide espacio encuentro unas fotos del Gonza en modo verano, jugando con el devil para no pensar tanto. Ahora, cuando en la calle el otoño se hace manto, cubriendo los tobillos con pantalones y las veredas con hojas marrones. Refresca y yo no encuentro una campera, que debe haber quedado en lo de mi vieja, cuando me mudaba de una casa a un departamento, de un departamento a una casa, de una casa a mis pensamientos, y de mis pensamientos a acá y ahora. Acá y ahora no es verano. Tengo las manos llenas de tinta y mi cuaderno está cargado de quehaceres y palabras de pensamientos rebalsados. Tengo un cuerpo que me toca la puerta hace rato, y no lo escucho porque ando pensando, buscándole la punta a la cinta, buscando sin dedos, buscando sin manos. Las gatas me miran y resuelven como siempre han resuelto sus antepasados: ronrroneando donde duele, sanando como gatos.

Demoliciones de cuentos para que puedas dormir

Vuelan escombros, ladrillos y azulejos en una construcción. Si me asomo un poquito puedo ver que, lo que antes era una casa, hoy simplemente es un espacio vacío, con sus paredes en el fondo, y trabajadores poniendo su fuerza para que el espacio quede como si nada hubiera habido ahí, para que una estructura mayor pueda erigirse allí. No sólo vuelan trozos físicos de lo que supo ser una casa, también vuelan así las vivencias de lo que supo ser un hogar. Esos detalles que hacían de algunas paredes, un lugar habitado por seres humanos, con sus individualidades. Es así que entre las paredes derrumbadas pueden verse garabatos que algún niño dibujó, y por los cuales se quedó sin postre esa noche. Entre los azulejos que van a parar al volquete esta ese que alguien miraba fijamente con cara de loco mientras tomaba el primer mate del día. Vuela el rinconcito en el que el perro descansaba, vuelan las escaleras que llevaban a dos personas al descanso, al desvelo, a la soledad compartida, a l...

La luna y el perro

Cítrica la luna se asoma cuando te saco a pasear. Es un buen augurio. Dice que hay que prenderlo, tirar el humo al cielo, y compartirlo con mi hermano, que está lejos, del otro lado del charco, donde están floreciendo las acacias, ahora, en marzo. Dorada se asoma la luna, ovalada, sobre los árboles de 3 de febrero, mientras te paseo y te agradezco por acompañarme en los colapsos, en las bienvenidas y en los descansos, aunque a veces me vaya lejos, varias horas, y vos me esperes aburrido asomando el hocico bajo la puerta negra. En casi todos los árboles se esconde la luna, pero en nuestra vereda se asoma, y me hace pensar en el cielo, que es el mismo cielo que mira mi hermano, tu hermano, del otro lado del charco. Nuestro hermano que te extraña, y se pone contento de que también compartamos esto. Justo cuando salimos la luna se asoma y nos explica que en esas cosas está el brillo de luna. Como cuando haces un quilombo bárbaro, un quil...

El gran baile alternativo

Mientras el sol se esconde detrás de los edificios, atravieso la urbe en mi bicicleta. Semáforos con tiempos sin sentido, bocinas ansiosas irascibles, horas pico que pican para los que pican. Quienes pueden atardecen en barrancas o ven caer el sol por la ventana, mientras se funden en cariños o buñuelos. A otros les toca hacerse carne con los embotellamientos, volviéndose lúgubre tránsito en avenidas que buscan ser venas transportando bienes, servicios y seres humanos. Un viento sur sopla la ciudad, que ya va colmando sus departamentos. Es el otoño que toca la puerta, con sus pantalones largos y sus agendas completas. También trae la conciencia de que el verano se despide, y es como ver a lo lejos ese chapuzón en el arroyo que no te llegaste a dar. Aunque haya trabajo todo el año, es volver a clases, después de haberse aventurado a cruzar cordilleras y vivir del fuego que admiran o ignoran quienes conducen sus vehículos. Defiendo a garrotazos mi licencia para salir de aventuras a...

La autonomía de la poesía

Con la poesía es así en mí. Capaz que por dos años me pierdo en las interesantes cotidianeidades, y casi ni hay papeles dando vueltas. Y en un verano mi birome se vuelve catarata incesante de palabras que brotan como agua del Amazonas. Cada tanto aparece alguna tristeza salvadora que me inspira, y mis mambos juegan a disfrazarse de pájaros, colectivos o de alguna otra metáfora pasajera. Hay días que quiero escribir sobre tal cosa, y no le encuentro la forma. Hasta que de repente aparece otra, que puede ser un atardecer o un encuentro casual prolongado, y arma frases en mi cabeza que ruegan ser recordadas al menos en la ducha. Si querés crear material nuevo y sos trapecista, no tenés que buscar videos de trapecistas. Capaz tenés que buscar en algún comic, o en música de África. Eso me explicó hoy una muchacha de ojos curiosos sobre la inspiración. La poesía es autónoma. Decide ella. No le importa si tenés sueño, o si estás en un recital con ciento cincuenta mil personas. Se pres...

Perigeo

Cerca de las 5 de la mañana, la luna va a estar mas cerca que nunca de esta bola de tierra y agua sobre la cual se dedica a girar. Dos pibas en el parque la usan como excusa para encontrarse, mirarse de cerca, preparar tres jarras de Amargo Obrero con soda, y decirse entre susurros todo eso que a la tarde no se animan a decir. Por calle Rodríguez descansa Javier, que se fue de casa hace un mes y no sabe nada de la superluna, pero aprendió a dormir con un ojo abierto y a patadas se le marchita la flor en el ojal. En un kiosco cerca de la terminal un tachero se baja a comprar cigarros para manejar un rato mas escuchando la radio de los desvelados y buscando algún viaje que vaya para el barrio. Tres primos se preparan para no dormir, usar el telescopio que les regalaron para navidad, tomar Coca Cola, dedicarse a jugar, y no preocuparse por nada, hasta que un día aparezcan los problemas de verdad. Cerca de las 5 de la mañana, la luna va a estar mas cerca que n...

El mensaje del cardenal

Tiro los dados: 2. Avanzo dos casilleros. Saco una carta y me dice: "Retroceda un casillero". Y en esa estamos. El rosedal me viene recibiendo estos días con sus cuarentipico de especies de rosas, sus estatuas, encuentros casuales y algún que otro cardenal que me engatuza un buen rato. Eso, hablemos de los cardenales. Eso es más noble que relatar mis mambos haciéndome el poeta. ¿Serán una señal? ¿Me quieren decir algo? Intentaré recuperar esa visión para con los cardenales (y mis mambos). Hace unos días bordeaba el río buscando observar más y darle aire a mis pensamientos. Atrás del Parque a la Bandera, en soledad y con pescadores a la lejanía, ahí se presenta un cardenal. Bañándose en un charco embarrado y secándose al sol. Pájaro del humedal que cruza la vena de agua y encuentra asilo en la ciudad. La crecida que arrasa la comodidad de las especies y el hombre que se ocupa de talar el verde y aturdir, fueron trayendo acá a este cardenal que ante mí se presenta. Que no...

Soledades, morteros e incayuyo.

Río Quilpo, Córdoba, Argentina 13/01/2019 Hoy siento gratitud. La mañana me despertó en las tres piletas del Río Quilpo, tras haberme presentado dos imponentes animales la noche anterior explicándome: "estás en la naturaleza". Alan y Juli volvieron a brindarme su compañía, ayuda y buena cara en el desayuno. Luego de desarmar sin avispar, la llovizna me acompañó hasta la ruta. No más de 30 minutos fueron necesarios para que Joaquín, Tania, Ahustín y Majo me levanten en su camioneta y me dejen aquí, en el Vado de López, del Río Quilpo. Fui buscando y eligiendo el espacio que decida darle asilo a mi carpa, y encontré este hermoso lugar que me acogió. Un círculo de árboles abierto, una fogata cerca y mi protección de piedras blancas. Es inmensa la gratitud que siento para con estas sierras, este río, y para con la eterna Madre Naturaleza por permitirme estar aquí, por colaborar con mi crecimiento y por sanar mi ser. Luego de levantar mi carpa vuelvo a encontrarme con e...