Brujo de ojos que pueden ver
En el día de la Madre Tierra te llevaron, Santiago, brujo de ojos que pueden ver las injusticias debajo de las alfombras, detrás de las pantallas. Un ejército de periodistas mercenarios, que se venden al mejor postor, nos vendieron podridos pescados sobre tus clones, tu afición por el terrorismo, tu presencia en mil lugares, de este o del otro lado de la cordillera. Cuando el olor del pescado se sentía en todo el país, cuando el grito de tus ojos fue ensordecedor, nos dijeron que te ahogaste. En un río donde podías hacer pie. Y apareciste, de un día para otro, como si nadaras esquivando rastrillajes, río arriba de donde te corrieron. ¿Huele raro, no? Las cartas de tu billetera estaban secas. Tu celular, intacto, atendió una llamada y cortó, para luego volver a tu bolsillo, bajo agua. Huele raro. Tenían que lavarle las manos sucias a los gendarmes, esas manos que estuvieron debutando como peritos cuando tuvieron que decir que al fiscal lo habían matado. El colmo de la criminalísti...