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Mostrando entradas de agosto, 2019

Brujo de ojos que pueden ver

En el día de la Madre Tierra te llevaron, Santiago, brujo de ojos que pueden ver las injusticias debajo de las alfombras, detrás de las pantallas. Un ejército de periodistas mercenarios, que se venden al mejor postor, nos vendieron podridos pescados sobre tus clones, tu afición por el terrorismo, tu presencia en mil lugares, de este o del otro lado de la cordillera. Cuando el olor del pescado se sentía en todo el país, cuando el grito de tus ojos fue ensordecedor, nos dijeron que te ahogaste. En un río donde podías hacer pie. Y apareciste, de un día para otro, como si nadaras esquivando rastrillajes, río arriba de donde te corrieron. ¿Huele raro, no? Las cartas de tu billetera estaban secas. Tu celular, intacto, atendió una llamada y cortó, para luego volver a tu bolsillo, bajo agua. Huele raro. Tenían que lavarle las manos sucias a los gendarmes, esas manos que estuvieron debutando como peritos cuando tuvieron que decir que al fiscal lo habían matado. El colmo de la criminalísti...

Chino está muy bien

Una china inspirada anduvo poniendo su color en el papel. Gatos en bicicletas, abrazos con olas japonesas. Su mano se lastimó, al volcar el peso donde no va. Extraña andar dad vuelta, dibujando con los pies galaxias de lana. Dos chocolates por setenta pesos. Una sorpresa roja y blanca. Mis llaves que se pierden y se encuentran. Un dinosaurio en la barranca. Sus ganas de andar patas pa arriba y sonrisa al revés, las plasma en cuatro cuerditas, o en una carpa de acuarelas. Cuando las sábanas se entibian, todo el idioma es nuestra jerga. La distancia no duele, y yo lanzo mis mensajes con gomera desde la terraza. No es chamuyo el trébol que se asoma entre los yuyos. La sinceridad cotiza en primera, y no se compra con monedas. De cerca o de lejos, nos desvelamos por igual. Jugamos en portales entre dos ambientes. Posponemos alarmas, exprimimos naranjas. De las canciones nos adueñamos, y su tinta retrata mis costados. Fotografía mi mandíbula y espera ansiosa el revelado. Su v...