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Mostrando entradas de marzo, 2020

Compañerismo mata adversidad

Rosario, Santa Fé, Argentina 11/03/2020 Compañerismo que mata adversidad. Piel morena de tanto caminar. Consciencia de la fortuna, de vivir la vida, de elegir como vivirla, de compartirla y colorearla a más no poder. El pelo que crece y se aclara. El continente que se deja atravesar. Manos que se agradecen. Comida y aventón. Manos que se entrelazan. Vos y yo, con la mochila en la espalda. El circo que te abre las puertas mil veces. El gesto de amor en una olla popular. Con el chiste se juega el comunicar. Sensibilizando lazos. Tejiendo redes. Nuevas formas de construir sano, de construir de verdad. Tus pies se volvían raíces, y así y todo nunca dejarías de caminar. Tu rostro que se iluminaba fractal al son del caer del sol entre eucaliptos y pinos que giraban con ritmos de ideas. Tus ojos que brillaban como por llorar. Y con dos palabras destrabaste mi lagrimal, y me escuchaste con los ojos, y me miraste con los oídos, y me abrazaste con todo lo qu...

Afrobeat en el bosque

Punta del Diablo, Rocha, Uruguay. 24/02/2020 Las irregularidades de la arena traen sus complicaciones a la hora de bailar. Le piden a nuestros pies poder sentir las caricias de sus plantas, para que cada grano se entrelace entre los dedos. El ritmo del corazón y de la memoria genética pulsa sobre el cuerpo y no detiene su mover, su hacerse arte en el movimiento mismo. Golpes de parches, melodías, el nacimiento de un género que se ha ramificado desde Nigeria hacia todo el mundo. Justo aquí, en los pinares de Rocha, en el bosque de Punta del Diablo vengo a encontrarme las percusiones ancestrales, los vientos potentes que arremeten corporalidades, los bajos ensalsados de principio a fin. El afrobeat que me busca y me encuentra, que se hace trance en todo el globo, que siempre tiene su fuerza para mí. Ritmos que repercuten mi cuerpo, melodías que dibujan en el aire, armonías que erigen la estructura de mi sentir. Sonrío y bailo. Pongo el cuerpo y todo se transforma. El aire ya no es e...

Rompiendo contra el continente

Punta del Diablo, Rocha, Uruguay 05/02/2020 Formaciones rocosas dividen las playas. De un lado Los Pescadores y La Viuda, del otro Del Rivero y Playa Grande. Frente a mis ojos, el mar. El mar que está furioso, como querendo llevarse algo. rompiendo contra la piedra, haciéndose ruido contra el continente. Acá estoy yo, poniéndole palabras al papel, cuando no las encuentro en mis labios, y cuando ciertas inercias me preguntan porqué, y yo ni se de qué. Freno y miro alrededor. El movimiento constante no favorecía la claridad. Acá hay mucho viento y en la playa no se puede hablar. El silencio ofrece mirar adentro, y las olas dibujan rulos de espuma en el océano. Yo me voy acordando qué hago, valorando a quienes tengo al lado, chocándome con un respira que me da el traqueteo. Y sin el traqueteo, ¿qué soy? Un espejo. En la sombra sobre la roca, un espejo. En la espuma de aquel pendejo, un espejo. En los ojos de quien me mira, un espejo. Saudades de cohetes y papayas, de enrosques ...

Corazón de feijão

Santos, São Paulo, Brasil 28/01/2020 Mosaicos de colores, arquitecturas alegres. Veredas cariocas, caminar paulista. Acá se camina con las patas llenas de arena, con las formas de quien crece mirando a la costa, con las formas de quien juega cuando baja la marea. Cerca del polo cultural. Cerca del paraíso natural. Un puerto que ve pasar los siglos, desamarrando historias de vaya uno a saber donde. Corazón de feijão, que sonríe de dar para crecer. Y los humos se comparten, y la comida no falta. El idioma no es frontera, cuando es grande el corazón. De feijão.

Fala devagar

Ubatuba, São Paulo, Brasil. 25/01/2020 Las tiras de mi mochila se estaban resquebrajando. Ni las puntadas originales, ni las de la modista de Puerto Iguazú fueron certeras para soportar el viaje. Hasta que las coció la China, con hilo blanco. Y acá está mi mochila, en Praia Estaleiro do Padre, aquí, pertinho do Ubatuba. Carpa tendida sobre el objetivo, complicada se hacía parecer, pero le tocó debutar en el paraíso, donde los paulistas tienen sus casas de fin de semana, y ahora es una luz cálida en las noches de lluvia casi constantes, estéticamente disfrutables, con rasgos de veranos bordeando las selvas. Noches de frutas azucaradas anheladas, de frutas asociadas al cuerpo, de cuerpos que se derriten intensos, se chocan, se deshacen, se rehacen y se hablan al oído. Noches que se saborean con el gusto de lo último que vas a comer en el día, de estrellas fugaces que jugando se esconden de mi desnudez, y bailan en bajada para la desnudez de ella, asombrada. El sol da sus últimos r...

Voz colectiva

Movilizaciones que se hacen masa en el corazón de la cuidad. Masa que se mueve, que se reúne, con un motivo que motiva el salir a la calle, el hacerse escuchar porque hay algo que gritar, o algún silencio que respetar. ¿Qué nos mueve? ¿Qué nos lleva a movilizar? Somos cuerpos conmovidos, somos voz de quienes ya no están, somos el derecho que se tiene que adquirir y se va a ganar. Encuentros entre las columnas, abrazos perdidos y encontrados en el accionar. Cariños endulzados por los tambores de la justicia social. Encuentros que valen más que el del supermercado o el de la red social. Ojos de brujo que observan la desigualdad, de pueblo originario arrebatado por demás. Desaparecidos encontrados en canciones de nunca más. Mujeres que caminan libres sobre las nubes de algún cielo, sin silbidos rasguños, sin nada que tapar. Viseras orgullosas de tanto paso de cumbia hasta abajo, de tanto redoblante ilusionado. La voz tiene cuerpo y recorre la ciudad. Voz anciana y sabia de jubilac...