Rompiendo contra el continente
Punta del Diablo, Rocha, Uruguay
05/02/2020
Formaciones rocosas dividen las playas. De un lado Los Pescadores y La Viuda, del otro Del Rivero y Playa Grande. Frente a mis ojos, el mar.
El mar que está furioso, como querendo llevarse algo. rompiendo contra la piedra, haciéndose ruido contra el continente.
Acá estoy yo, poniéndole palabras al papel, cuando no las encuentro en mis labios, y cuando ciertas inercias me preguntan porqué, y yo ni se de qué.
Freno y miro alrededor. El movimiento constante no favorecía la claridad. Acá hay mucho viento y en la playa no se puede hablar. El silencio ofrece mirar adentro, y las olas dibujan rulos de espuma en el océano. Yo me voy acordando qué hago, valorando a quienes tengo al lado, chocándome con un respira que me da el traqueteo. Y sin el traqueteo, ¿qué soy? Un espejo. En la sombra sobre la roca, un espejo. En la espuma de aquel pendejo, un espejo. En los ojos de quien me mira, un espejo.
Saudades de cohetes y papayas, de enrosques ricos y esas miradas. La dicha del crecimiento ajeno con cansancio sano de amar al cuerpo. La luna que es sólo una, contra el mismo océano en el que se refresca tu figura. Nuestro fuego, que es de aire, y no se apaga con esta ruta tan poco distante.
Llegué acá solo, consciente de que la memoria es filosa cuando juega en soledad, cuando encuentra el muelle de los cuerpos transpirados, cuando admira una pita de florecer apomponado, cuando descansa en los bosques de Punta del Diablo.
La espuma se corta con el sol y algunas gotas salpican mi cuaderno, que es llave de pensamientos insurrectos, algunos de brillantina, algunos incorrectos. No tengo parlante que cante la canción del llanto, ni diccionario de sinónimos donde refugiarme de las palabras perdidas.
Eso sí. "Es bueno saber que siempre hay alguien que te espera" dicen canciones bailables de mis pagos. Tengo esa suerte por donde ando: en el bosque del diablo o en el puerto de Santos.
Cuando respiro me doy cuenta que sólo con fortuna me mancho. Y recuerdo con dulzura, y proyecto con valor. Tengo tiempo para quererme, y las personas que me cruzo creo que son mi corazón, que aprende del hambre y de la vergüenza, que con fruta se alimenta mejor.
Hoy estoy acá, abrazando mi lenguaje y la contemplación. No hay reunión en dos horas, hay introspección. Mis herramientas de siempre me piden amor, y es hoy cuando puedo aprender a crecer, acordarme de mi primer bicicleta y saber que siempre tengo porqué andar.
Y siempre que doy esta vuelta, llego al mismo lugar. De mi boca se escapa un "gracias", porque me acarician el alma, porque mi cuerpo se mueve y llega al mar. Conozco lugares hermosos, sonreímos cuando vemos a los viejos bailar. Entre tanta belleza de ser y paisajes para remar, no dudo que he aprendido a amar.
05/02/2020
Formaciones rocosas dividen las playas. De un lado Los Pescadores y La Viuda, del otro Del Rivero y Playa Grande. Frente a mis ojos, el mar.
El mar que está furioso, como querendo llevarse algo. rompiendo contra la piedra, haciéndose ruido contra el continente.
Acá estoy yo, poniéndole palabras al papel, cuando no las encuentro en mis labios, y cuando ciertas inercias me preguntan porqué, y yo ni se de qué.
Freno y miro alrededor. El movimiento constante no favorecía la claridad. Acá hay mucho viento y en la playa no se puede hablar. El silencio ofrece mirar adentro, y las olas dibujan rulos de espuma en el océano. Yo me voy acordando qué hago, valorando a quienes tengo al lado, chocándome con un respira que me da el traqueteo. Y sin el traqueteo, ¿qué soy? Un espejo. En la sombra sobre la roca, un espejo. En la espuma de aquel pendejo, un espejo. En los ojos de quien me mira, un espejo.
Saudades de cohetes y papayas, de enrosques ricos y esas miradas. La dicha del crecimiento ajeno con cansancio sano de amar al cuerpo. La luna que es sólo una, contra el mismo océano en el que se refresca tu figura. Nuestro fuego, que es de aire, y no se apaga con esta ruta tan poco distante.
Llegué acá solo, consciente de que la memoria es filosa cuando juega en soledad, cuando encuentra el muelle de los cuerpos transpirados, cuando admira una pita de florecer apomponado, cuando descansa en los bosques de Punta del Diablo.
La espuma se corta con el sol y algunas gotas salpican mi cuaderno, que es llave de pensamientos insurrectos, algunos de brillantina, algunos incorrectos. No tengo parlante que cante la canción del llanto, ni diccionario de sinónimos donde refugiarme de las palabras perdidas.
Eso sí. "Es bueno saber que siempre hay alguien que te espera" dicen canciones bailables de mis pagos. Tengo esa suerte por donde ando: en el bosque del diablo o en el puerto de Santos.
Cuando respiro me doy cuenta que sólo con fortuna me mancho. Y recuerdo con dulzura, y proyecto con valor. Tengo tiempo para quererme, y las personas que me cruzo creo que son mi corazón, que aprende del hambre y de la vergüenza, que con fruta se alimenta mejor.
Hoy estoy acá, abrazando mi lenguaje y la contemplación. No hay reunión en dos horas, hay introspección. Mis herramientas de siempre me piden amor, y es hoy cuando puedo aprender a crecer, acordarme de mi primer bicicleta y saber que siempre tengo porqué andar.
Y siempre que doy esta vuelta, llego al mismo lugar. De mi boca se escapa un "gracias", porque me acarician el alma, porque mi cuerpo se mueve y llega al mar. Conozco lugares hermosos, sonreímos cuando vemos a los viejos bailar. Entre tanta belleza de ser y paisajes para remar, no dudo que he aprendido a amar.
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