Golondrina antes que engranaje.
Cuando era chico mi abuela me llevaba a ver las golondrinas que venían de viaje y se posaban en un árbol enorme de Barrio Triángulo. Se quedaban algunas semanas y volaban hacia Canadá, viajando siempre en busca de la primavera. Hoy entiendo que sin darse cuenta me dejó una enseñanza. Y aunque se entristecía cuando me iba de viaje sin saber cuando volvería, pudo ver mi alegría. Yo pude entender el árbol, pero preferí ser la golondrina. Hace casi un año que te fuiste. Gracias por llevarme a ver las golondrinas. Si las gotas de rocío mojan los mosaicos y sólo me hacen resbalar, ¿cómo puedo entender la alegría del pasto? Si las olas de los barcos enturbian el pasar de mi canoa ¿se refrescan felices las rocas de la orilla? Es que es más sencillo el funcionar general que nuestros particulares sentires. Nuestro andar no condiciona la corriente del río, ella es la que trastoca nuestro andar, y en nuestras pupilas está la elección. Nosotros sólo dejamos huellas, las marcas del descans...