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Mostrando entradas de 2016

Golondrina antes que engranaje.

Cuando era chico mi abuela me llevaba a ver las golondrinas que venían de viaje y se posaban en un árbol enorme de Barrio Triángulo. Se quedaban algunas semanas y volaban hacia Canadá, viajando siempre en busca de la primavera. Hoy entiendo que sin darse cuenta me dejó una enseñanza. Y aunque se entristecía cuando me iba de viaje sin saber cuando volvería, pudo ver mi alegría. Yo pude entender el árbol, pero preferí ser la golondrina. Hace casi un año que te fuiste. Gracias por llevarme a ver las golondrinas. Si las gotas de rocío mojan los mosaicos y sólo me hacen resbalar, ¿cómo puedo entender la alegría del pasto? Si las olas de los barcos enturbian el pasar de mi canoa ¿se refrescan felices las rocas de la orilla? Es que es más sencillo el funcionar general que nuestros particulares sentires. Nuestro andar no condiciona la corriente del río, ella es la que trastoca nuestro andar, y en nuestras pupilas está la elección. Nosotros sólo dejamos huellas, las marcas del descans...

Mas vale creerle a la piel.

¿Son las estrellas las que en verdad brillan así, o es el ojo quien decide captar tanta luz? Aunque digan que el sol no brilla esta mañana, yo lo siento calentando mi piel. Puede cualquier cielo ser Atacama en febrero, pueden las pupilas ser telescopios. No hace falta el pronóstico. Más vale creerle a la piel. La piel que se imanta cuando busca calor y te encuentra. La piel que se tuesta cuando sale a caminar por el campo. La piel que se eriza cuando entra la canción. Pero las pantallas hablan y los sujetos obedecen. Las pantallas les dicen que saquen sus paraguas, y ellos no miran sobre sus cabezas ni bajo sus remeras. Las pantallas les dicen que no se sorprendan, que ellas son las luces más brillantes que los ojos pueden captar. Y ellos, sujetos, compran. No sienten el calor, no comen picante, no salen después de las diez y no se enamoran. La reducción de daños les redujo la vista, y ahora le temen a las cicatrices. Si paró de llover, no salen para no embarrarse; Si hay ma...

Cómo medir el tiempo en melodías.

No hace falta una cornisa para poder sentir. Hoy me importa entender una escala y el cariño simple; achinar esos ojos preocupados y que el próximo mate esté caliente. Es que vuelvo a casa andando en bicicleta, zigzagueando por el medio de Santa Fé, cantando entre las tumbas de la gloria. Eso vale mas que mil canciones , digo y aprendo a medir el tiempo en melodias. Sucede cuando los oídos están endulzados, pero no con jarabe ni crema del cielo. Es como la voz que vuelve cuando es pura la miel. No hace falta cianuro ni Don Perignon para poder degustar con el alma. Un vino añejado al otro lado de la cordillera, la copa justa y unos cuantos tarareos que van tratando de agudizarse, me hacen saber que en el medio de tanto ajuste sensitivo y terrenal, de tantas desconexiones y cuentos cortos, hay una persona que ahora se va a dormir sintiendo que no está sola entre tantos cuerpos y corbatas. Porque esto es de verdad. No es un cuento. No hay que impresionar a nadie. ¿Y sabés qué? Ya n...

Valparaíso y el valioso cobre de la humildad.

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Valparaíso, 5ta Región, Chile. 19/02/2016 Viajar es salir de uno, es perder el peso de tu figura y simplemente deambular por desiertos y ciudades. Abandonar los significados que el otro (y uno mismo) deposita en nuestra persona y entender al real vagamundo, a quien transita sólo con sus añoranzas y sus historias. Pablo Neruda dijo alguna vez que si caminás todas las escaleras de Valparaíso, habrás dado la vuelta al mundo. Eso le toca a nuestra persona hoy: la vuelta al mundo en la encrucijada de no ser aquel, sino de vivir y así reinventar la identidad, cambiar ese peso por su peso en magia. Así llegamos a esta ciudad cansados, con nuestro puñado de hechizos, cruzándonos con conventillos, subidas y ascensores con su propia alquimia, plagados de cuentos mil veces vividos. El valioso cobre de la humildad escondida en fijas miradas de carretera, aquí cobra sentido. Es que la fuerza de esta ciudad y sus autores de ayer y hoy, nos dejan perplejos, incrementando el foco de nuestros ...