Mas vale creerle a la piel.

¿Son las estrellas las que en verdad brillan así, o es el ojo quien decide captar tanta luz? Aunque digan que el sol no brilla esta mañana, yo lo siento calentando mi piel. Puede cualquier cielo ser Atacama en febrero, pueden las pupilas ser telescopios.

No hace falta el pronóstico. Más vale creerle a la piel.
La piel que se imanta cuando busca calor y te encuentra.
La piel que se tuesta cuando sale a caminar por el campo.
La piel que se eriza cuando entra la canción.

Pero las pantallas hablan y los sujetos obedecen. Las pantallas les dicen que saquen sus paraguas, y ellos no miran sobre sus cabezas ni bajo sus remeras. Las pantallas les dicen que no se sorprendan, que ellas son las luces más brillantes que los ojos pueden captar. Y ellos, sujetos, compran. No sienten el calor, no comen picante, no salen después de las diez y no se enamoran. La reducción de daños les redujo la vista, y ahora le temen a las cicatrices. Si paró de llover, no salen para no embarrarse; Si hay mar, no se meten para no mojarse; Si quieren, no se entregan para no resbalarse. Antes de vivir, encuentran la forma de sobrevivir.

Antes dormía sin descansar, hasta que cruzaste tus piernas sobre las mías. Entonces no hizo falta el disfraz, ni que supiera cantar, porque tus ojos casi ni se notaban pero estaban ahí, y pusimos la pava para tomar otro té. Capaz no lo creas, pero el sol no para de brillar. Aunque me quiera ir al campo, los edificios no me lo tapan. Y cuando la risa hace que tus ojos casi ni se noten, yo siento cómo se tuesta mi piel.

Las estrellas sí brillan así.
Si lo siento, es verdad.
Le creo a mi cuerpo.

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