La ciudad transpirada
"La amazonia rosarina no da tregua" dijo un amigo hace unos veranos, y hoy lo recuerda, sofocado, mientras planea algún viaje, a algún lado. El pavimento cocina a fuego lento. Las vidrieras transpiran sus liquidaciones. Los colectivos transportan sudor y trabajo. Y se anhelan los abanicos. Yo ultimo detalles. Afilo herramientas, doy abrazos. Recargo magias para encarar los caminos con los últimos mimos que me puede dar la ciudad. La ciudad que pide un respiro porque no da más de proyectos agendados, humanos embotallados, y porcentajes de humedad. Bienaventurados los navegantes, que dibujan pasos en los brazos del Paraná, haciéndole frente a un enero que sin agua, es batalla perdida. La terminal despide a miles de estudiantes que parten a sus pueblos. Y aquí sólo quedan los asalariados anhelando pelopinchos y envases escarchados. A la tormenta no se la ve con malos ojos cuando se acerca amenazante desde zona norte. Trae vientos frescos que aire...