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Mostrando entradas de mayo, 2019

El tesoro

Un barco deja caer su ancla frente al banco en el que estoy sentado. No llego a ver bien se bandera. Puede ser de Malasia, puede ser de Holanda, o de la China capaz. De cualquier parte pueden venir a buscar algo de nuestro litoral. El viento sopla y mi remera está un poco transpirada. Un pescador saca otra carnada de su bolso, que ya se sumerge en las aguas del Paraná. El viento repercute en el río y su corriente, formando pequeñas olas, dibujos en el agua. La estación se asienta, el sol se esconde, y ya no hay mucha gente que se acerque al parque. Hay quienes vienes a compartir su cariño, obtener alimentos vivos del río, o simplemente dedicarle unos minutos de calma y un poco de humo para que se lo lleve la brisa. Una pareja pasa detrás mío y puedo escucharlos hablar de vértigos aliviados por la confianza. Yo me pregunto si el vértigo se calma sin mirar hacia abajo, o siendo conciente de la altura. Él le dice que poder mirar hacia abajo sin caer, ayuda a sanarlo. Entonces, ¿es la ...

Sanando como gatos

Flashando a contramano, pensando demasiado, cuando el teléfono me pide espacio encuentro unas fotos del Gonza en modo verano, jugando con el devil para no pensar tanto. Ahora, cuando en la calle el otoño se hace manto, cubriendo los tobillos con pantalones y las veredas con hojas marrones. Refresca y yo no encuentro una campera, que debe haber quedado en lo de mi vieja, cuando me mudaba de una casa a un departamento, de un departamento a una casa, de una casa a mis pensamientos, y de mis pensamientos a acá y ahora. Acá y ahora no es verano. Tengo las manos llenas de tinta y mi cuaderno está cargado de quehaceres y palabras de pensamientos rebalsados. Tengo un cuerpo que me toca la puerta hace rato, y no lo escucho porque ando pensando, buscándole la punta a la cinta, buscando sin dedos, buscando sin manos. Las gatas me miran y resuelven como siempre han resuelto sus antepasados: ronrroneando donde duele, sanando como gatos.

Demoliciones de cuentos para que puedas dormir

Vuelan escombros, ladrillos y azulejos en una construcción. Si me asomo un poquito puedo ver que, lo que antes era una casa, hoy simplemente es un espacio vacío, con sus paredes en el fondo, y trabajadores poniendo su fuerza para que el espacio quede como si nada hubiera habido ahí, para que una estructura mayor pueda erigirse allí. No sólo vuelan trozos físicos de lo que supo ser una casa, también vuelan así las vivencias de lo que supo ser un hogar. Esos detalles que hacían de algunas paredes, un lugar habitado por seres humanos, con sus individualidades. Es así que entre las paredes derrumbadas pueden verse garabatos que algún niño dibujó, y por los cuales se quedó sin postre esa noche. Entre los azulejos que van a parar al volquete esta ese que alguien miraba fijamente con cara de loco mientras tomaba el primer mate del día. Vuela el rinconcito en el que el perro descansaba, vuelan las escaleras que llevaban a dos personas al descanso, al desvelo, a la soledad compartida, a l...