El tesoro
Un barco deja caer su ancla frente al banco en el que estoy sentado. No llego a ver bien se bandera. Puede ser de Malasia, puede ser de Holanda, o de la China capaz. De cualquier parte pueden venir a buscar algo de nuestro litoral.
El viento sopla y mi remera está un poco transpirada. Un pescador saca otra carnada de su bolso, que ya se sumerge en las aguas del Paraná. El viento repercute en el río y su corriente, formando pequeñas olas, dibujos en el agua. La estación se asienta, el sol se esconde, y ya no hay mucha gente que se acerque al parque. Hay quienes vienes a compartir su cariño, obtener alimentos vivos del río, o simplemente dedicarle unos minutos de calma y un poco de humo para que se lo lleve la brisa.
Una pareja pasa detrás mío y puedo escucharlos hablar de vértigos aliviados por la confianza. Yo me pregunto si el vértigo se calma sin mirar hacia abajo, o siendo conciente de la altura. Él le dice que poder mirar hacia abajo sin caer, ayuda a sanarlo. Entonces, ¿es la confianza un mirador? ¿O ser alpinista es la clave?
Levanto la cabeza y vuelvo a ver el río, el cielo casi completo y sus agujeros entre las nubes. Llego a ver una playa en la isla, y pienso en esos días de tanta niebla que no deja ver ni un metro tras la baranda. Hoy hay claridad, y se agradece la chance de poder divisar nuestras maravillas.
Encuentro un nuevo banco, y siento que le pide a mi birome que le escriba algo. Pienso en qué puedo decir, pienso en canciones. Escribo "el tesoro", y espero que alguien, que ande buscando detalles, lo encuentre. Entonces el sol se asoma, unos segundos entre las nubes. El sol es una señal, y le digo gracias por hacerme saber que estoy donde tengo que estar.
El viento sopla y mi remera está un poco transpirada. Un pescador saca otra carnada de su bolso, que ya se sumerge en las aguas del Paraná. El viento repercute en el río y su corriente, formando pequeñas olas, dibujos en el agua. La estación se asienta, el sol se esconde, y ya no hay mucha gente que se acerque al parque. Hay quienes vienes a compartir su cariño, obtener alimentos vivos del río, o simplemente dedicarle unos minutos de calma y un poco de humo para que se lo lleve la brisa.
Una pareja pasa detrás mío y puedo escucharlos hablar de vértigos aliviados por la confianza. Yo me pregunto si el vértigo se calma sin mirar hacia abajo, o siendo conciente de la altura. Él le dice que poder mirar hacia abajo sin caer, ayuda a sanarlo. Entonces, ¿es la confianza un mirador? ¿O ser alpinista es la clave?
Levanto la cabeza y vuelvo a ver el río, el cielo casi completo y sus agujeros entre las nubes. Llego a ver una playa en la isla, y pienso en esos días de tanta niebla que no deja ver ni un metro tras la baranda. Hoy hay claridad, y se agradece la chance de poder divisar nuestras maravillas.
Encuentro un nuevo banco, y siento que le pide a mi birome que le escriba algo. Pienso en qué puedo decir, pienso en canciones. Escribo "el tesoro", y espero que alguien, que ande buscando detalles, lo encuentre. Entonces el sol se asoma, unos segundos entre las nubes. El sol es una señal, y le digo gracias por hacerme saber que estoy donde tengo que estar.
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