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Mostrando entradas de octubre, 2013

Similares borradores encontrados y recopilados meses después.

Madre de todo ser, asilo de toda vida. Que nos halle perdidos los dos y encontrados bajo la misma casualidad. Mirando el atardecer, el de ese cielo un poco más real. Alunizando una vez. Ahí está tu voz otra vez. A mí me enloquecía tu mirada, escucharte me gusta tanto o tal vez más. - Alunizando tus pupilas, perdido en tu mirar. Tal vez no sepas que es lo que tanto me pierde, y me lleva. Tal vez pienses que solo miro buscando lo de siempre. Yo busco tus destinos, trato de llegar a lo que ellos quieren mirar. Yo busco olvidarme del día nublado, perderme una vez más, viajar al gran lugar. Yo busco lo que está detrás del cielo, y en ese segundo que me mirás, creo saber bien donde está. A veces puedo colgarme nadando en otro cielo más, pero en ese segundo que me mirás, como yo, sabés bien donde quiero estar. Y ahí es cuando caigo en que el gran lugar, tan lejos no está, sólo hay que saber llegar. En ese momento aparece tu voz, cayendo en lo concreto de preguntar por algo banal. Me doy...

Belleza de domingo.

Últimamente estoy tratando de disfrutar un poco más de los domingos, de darme cuenta que no es verdad eso de que todo está muerto, de que es un día que no tiene sentido. Tiene sus detalles únicos que no suceden siempre, o que no te acordabas que habían sucedido. Domingo es bajar las escaleras y que sea vea todo medio apagado, encandilado por el sol que daba en la terraza. Domingo es salir a pasear con el Tripp y que la calle esté admirable como nunca. Domingo es cientos de abrazos de gol. Domingo es el mediodía más apacible en la plaza San Martín. Domingo es escaparse por abajo de la mesa en la casa de la abuela. Domingo es horas peloteando e inventando juegos con chicos que recién conociste. Domingo es un amanecer completo acostado en el pasto. Domingo es que te pregunten “¿Qué tenés ganas de hacer?” y que de tantas ideas no puedas decir ninguna. Domingo es andar en bicicleta por la calle de tierra y tratar de meterse en la casa abandonada. Domingo es dar una vu...

Über die anstarren.

Hay un momento en que las miradas conectan de cierta forma que el sentimiento que se experimenta queda completamente expresado. Es como si hubiera una construcción colectiva, una formación dual de una hilación de pensamiento compartida. Similar a la explicación magnetista de Mesmer, de un flujo que se transmite en la hipnosis desde el hipnotizador hacia el paciente, sólo que sin etiquetas ni jerarquías, con mayor armonía y totalidad. Se transmite en ese momento lo que sea: una frase, una sonrisa, un argumento de vida, un beso, el anhelo de un suceso impermeable, una soga. Todo... hasta el alma en sí. Fluye la verdad en un hilo intangible conectando zonas jamás calculadas, o esperadas hace siglos por los hambrientos en busca de profecías. A lo largo de la vida las masas suelen actuar como burócratas del sentir. Todo se guía por los comandos estipulados y bajo los tiempos que plantean los de arriba. Se supone que las relaciones se tienen que dar en tales lugares y de tal forma para que...

No hay cámaras en las maravillas sepultadas por la selva.

En mi vida casi no hay fotos, no se encuentran registros de mi transcurrir. Busco caminar por senderos que no comenten sobre mi andar. Detenerme a asombrarme en parajes desolados, que no se acerquen a la civilización de los sobrios habitantes. Desde esos ocultos miradores se observan vuelos sin destino y claves de lo real que se pierden entre las nubes, intercaladas en figuras poco reconocibles. Maravillas que quedaron sepultadas por los árboles serán descubiertas por algún viajante que, con machete en mano, se tope con las pirámides. Un viajante que se cree el primero en ver tanta magnitud. Pobre de él, no sabe de la grandeza de los siglos pasado. Es sano que no nos observen las cámaras, que no cuenten nuestros pasos. Podemos ser realistas con nuestros detalles del renacer, con nuestra comunicación que lleva a la luz. Los faroles de la avenida no iluminan más que la antorcha incesante. Sabemos del fuego y de sus propiedades fundantes del estilo libre, de la fragancia pura que esta...

Sin ataduras.

El sábado a la noche se rompió la caja de mi armónica. Creo haber entendido lo que me quisieron comunicar. Para hacer llegar a buen puerto un sentimiento, algo que corre dentro de las venas, hace falta expresarse con libertad. Primordial es, a partir de esta etapa, dejar salir las notas guardadas, liberar los cardenales de cresta anaranjada, y que sean siempre su verdad. Es hora de cruzar los ríos, de decirte al oído lo que mis ojos gritan. Es hora de llegar al bosque. Si, creo haberlo entendido. Lo que salga de mis dedos, de mis pulmones, ya no tiene que quedarse en mí. Ahora quiere tocar cada puerta y deleitarse con cada bienvenida. Sumergirse en tu persona y hacerte vivir un millón de realidades. O tal vez sólo se rompió la caja de la armónica. No. Es imposible que eso no tenga un significado.