Los libros de la señora Maritano
El sábado pasado mi amigo Juancho me comentó que estaban a punto de vender el departamento de su abuela, y habían quedado huérfanos cientos, miles de libros que estaban obsequiando a quien se tome el rato de acercarse, elegir algunos y compartir un momento. Yo hace un tiempo que no me engancho a leer un libro. Creo que me está costando meterme en la ficción, que ando mucho en lo real cotidiano, en lo terrenal. Además, también hacía un tiempo que no lo veía a Juancho, así que me subí a la bici y fui al departamento, sin saber muy bien como era la cosa. Cuando llegué, le dimos una mano al viejo de Chojuan con cargar unas cosas al auto. El flete lo había dejado en banda y había banda de cosas. Después subí la escalera, entré y me encontré con un living amplio con libros por todos lados: cientos en el piso, en la mesa separados unos pocos, en las sillas descansando algunos. También estaban ahí una chica joven con su madre, que cantaba en el coro con la hermana de Juancho y, casualmen...