Über die anstarren.
Hay un momento en que las miradas conectan de cierta forma que el sentimiento que se experimenta queda completamente expresado. Es como si hubiera una construcción colectiva, una formación dual de una hilación de pensamiento compartida. Similar a la explicación magnetista de Mesmer, de un flujo que se transmite en la hipnosis desde el hipnotizador hacia el paciente, sólo que sin etiquetas ni jerarquías, con mayor armonía y totalidad. Se transmite en ese momento lo que sea: una frase, una sonrisa, un argumento de vida, un beso, el anhelo de un suceso impermeable, una soga. Todo... hasta el alma en sí. Fluye la verdad en un hilo intangible conectando zonas jamás calculadas, o esperadas hace siglos por los hambrientos en busca de profecías.
A lo largo de la vida las masas suelen actuar como burócratas del sentir. Todo se guía por los comandos estipulados y bajo los tiempos que plantean los de arriba. Se supone que las relaciones se tienen que dar en tales lugares y de tal forma para que sean normales. ¿Y qué es lo normal? ¿Quién dice que normal es sinónimo de positivo? Las mejores conexiones, esas que están plagadas de color, se dan en situaciones excepcionales, fuera de lo cotidiano que nos hace arrastrarnos para subsistir. Queda en nosotros destruir los canales que nos marcan y dejarnos llevar por la corriente que le siente mejor a nuestras personas en conjunto. Reencontrar el mirar sostenido entre tantos ojos que no buscan.
A lo que voy es que hay una forma mucho más simple y llana de comunicarnos, que no requiere de ningún lenguaje establecido por otros, ni de ningún tipo de código. Un lenguaje interior que rompe las fronteras.
Entre toda esa montaña de palabras aparece una mirada que dice:
"Che, te tengo una propuesta. ¿Y si compartimos un poquito más la vida?"
A lo largo de la vida las masas suelen actuar como burócratas del sentir. Todo se guía por los comandos estipulados y bajo los tiempos que plantean los de arriba. Se supone que las relaciones se tienen que dar en tales lugares y de tal forma para que sean normales. ¿Y qué es lo normal? ¿Quién dice que normal es sinónimo de positivo? Las mejores conexiones, esas que están plagadas de color, se dan en situaciones excepcionales, fuera de lo cotidiano que nos hace arrastrarnos para subsistir. Queda en nosotros destruir los canales que nos marcan y dejarnos llevar por la corriente que le siente mejor a nuestras personas en conjunto. Reencontrar el mirar sostenido entre tantos ojos que no buscan.
A lo que voy es que hay una forma mucho más simple y llana de comunicarnos, que no requiere de ningún lenguaje establecido por otros, ni de ningún tipo de código. Un lenguaje interior que rompe las fronteras.
Entre toda esa montaña de palabras aparece una mirada que dice:
"Che, te tengo una propuesta. ¿Y si compartimos un poquito más la vida?"
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