Valparaíso y el valioso cobre de la humildad.

Valparaíso, 5ta Región, Chile.
19/02/2016

Viajar es salir de uno, es perder el peso de tu figura y simplemente deambular por desiertos y ciudades. Abandonar los significados que el otro (y uno mismo) deposita en nuestra persona y entender al real vagamundo, a quien transita sólo con sus añoranzas y sus historias.

Pablo Neruda dijo alguna vez que si caminás todas las escaleras de Valparaíso, habrás dado la vuelta al mundo. Eso le toca a nuestra persona hoy: la vuelta al mundo en la encrucijada de no ser aquel, sino de vivir y así reinventar la identidad, cambiar ese peso por su peso en magia. Así llegamos a esta ciudad cansados, con nuestro puñado de hechizos, cruzándonos con conventillos, subidas y ascensores con su propia alquimia, plagados de cuentos mil veces vividos.

El valioso cobre de la humildad escondida en fijas miradas de carretera, aquí cobra sentido. Es que la fuerza de esta ciudad y sus autores de ayer y hoy, nos dejan perplejos, incrementando el foco de nuestros oídos. Entramos en una nueva escuela, volviendo a ser los niños del buzo con pelos de gato y la apertura a aprehender. La inocencia de la novedad nos vuelve a iluminar, y esto no es cualquier ruta, es el puerto principal.

Valparaíso te acompaña a la cima del Cerro Bella Vista para ver el Pacífico desde arriba y volver a ser nadie; mientras acaricio a Poroto y Nami me muerde ronrroneando, me explican que no hace falta tanto "que yo, que yo" para presentarte. Se necesitan más oídos que cuerdas vocales.

Camino los cerros, trabajo jugando y me ilumino con cada uno de los participantes: cada uno de los cuales me recita un nueva poema de la ciudad. Cumplo mi objetivo, y bellísimamente vuelvo a cero.

Viajar es volver al vientre para salir alucinado por el todo, caminar curioso con la seguridad de que nadie te señale por tu inocencia, y que no haya ego que se esconda de esa inocencia. Recibir a los centenares de seres que cada día observan tu nada, ser acogido por el lugar exacto. Volver a nacer sin mochila más que tu mero nombre, pero sin sus anclas.

Viajar es elegir cada día ser quien quieras ser, es reinventarte. Sacarte la espina de la mirada familiar para poder andar, y entender que para eso somos.

Valparaíso me cobija.
Y yo soy nadie.


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