Brujo de ojos que pueden ver
En el día de la Madre Tierra te llevaron, Santiago, brujo de ojos que pueden ver las injusticias debajo de las alfombras, detrás de las pantallas.
Un ejército de periodistas mercenarios, que se venden al mejor postor, nos vendieron podridos pescados sobre tus clones, tu afición por el terrorismo, tu presencia en mil lugares, de este o del otro lado de la cordillera. Cuando el olor del pescado se sentía en todo el país, cuando el grito de tus ojos fue ensordecedor, nos dijeron que te ahogaste. En un río donde podías hacer pie. Y apareciste, de un día para otro, como si nadaras esquivando rastrillajes, río arriba de donde te corrieron.
¿Huele raro, no? Las cartas de tu billetera estaban secas. Tu celular, intacto, atendió una llamada y cortó, para luego volver a tu bolsillo, bajo agua. Huele raro.
Tenían que lavarle las manos sucias a los gendarmes, esas manos que estuvieron debutando como peritos cuando tuvieron que decir que al fiscal lo habían matado. El colmo de la criminalística, un gendarme meta mano en un peritaje. Favor con favor se paga. Manos limpias, hoy los quieren dando clases de palazos, y le dicen Servicio Cívico Voluntario.
Y a nosotros nos quedan tus ojos de brujo, tu camino, tus manos tatuando los brazos de mis hermanos. Tu sangre derramada, que se asemeja a la de Rafael, a la de Darío, a la de Maxi, a la de Julio y a la de otros 30.000.
Nos queda la conciencia de saber porqué estabas ahí, y así se traduce su grito hoy. Vos estabas ahí, acompañando a una comunidad a la que le arrebataron sus tierras. Hoy los Benetton, ayer los Roca, anteayer los Colón. Vos estabas ahí, como miles de pibes, que salieron a buscar la incertidumbre y se toparon con la injusticia.
Gritar por vos debe ser gritar por lo que vos gritabas. ¿A quién le gusta que le usurpen su casa? Que vengan de lejos con papeles firmados para legetimar un robo ¿A quién le gusta?
Terrorismo es derramar sangre por tierras, por oro, por petróleo, o por derecha. Lo tuyo no era terrorismo. Lo tuyo era empatía.
Gritar por vos hoy es pedir que no se cierra tu causa, es pedir absolución para Jones Huala. Gritar por vos es gritar justicia para el pueblo mapuche, es pedir escuelas bilingües que enseñen el mapundungún. Gritar por vos es gritar por un Estado plurinacional.
¿Quisiera Santiago que hoy gritemos por él? Santiago quisiera que gritemos por quien gritaba él.
En el día de la Madre Tierra te llevaron, Santiago, brujo de ojos que pueden ver las injusticias debajo de las alfombras, detrás de las pantallas.
Tu mirada nos guía.
Tu grito nos despierta.
Tu tinta tatúa nuestro inconciente colectivo.
Tus ojos están en las paredes de mi ciudad.
Hay gritos que quieren callar.
Hay palos que se suelen pasar.
Hay miradas que no dejan de mirar.
Un ejército de periodistas mercenarios, que se venden al mejor postor, nos vendieron podridos pescados sobre tus clones, tu afición por el terrorismo, tu presencia en mil lugares, de este o del otro lado de la cordillera. Cuando el olor del pescado se sentía en todo el país, cuando el grito de tus ojos fue ensordecedor, nos dijeron que te ahogaste. En un río donde podías hacer pie. Y apareciste, de un día para otro, como si nadaras esquivando rastrillajes, río arriba de donde te corrieron.
¿Huele raro, no? Las cartas de tu billetera estaban secas. Tu celular, intacto, atendió una llamada y cortó, para luego volver a tu bolsillo, bajo agua. Huele raro.
Tenían que lavarle las manos sucias a los gendarmes, esas manos que estuvieron debutando como peritos cuando tuvieron que decir que al fiscal lo habían matado. El colmo de la criminalística, un gendarme meta mano en un peritaje. Favor con favor se paga. Manos limpias, hoy los quieren dando clases de palazos, y le dicen Servicio Cívico Voluntario.
Y a nosotros nos quedan tus ojos de brujo, tu camino, tus manos tatuando los brazos de mis hermanos. Tu sangre derramada, que se asemeja a la de Rafael, a la de Darío, a la de Maxi, a la de Julio y a la de otros 30.000.
Nos queda la conciencia de saber porqué estabas ahí, y así se traduce su grito hoy. Vos estabas ahí, acompañando a una comunidad a la que le arrebataron sus tierras. Hoy los Benetton, ayer los Roca, anteayer los Colón. Vos estabas ahí, como miles de pibes, que salieron a buscar la incertidumbre y se toparon con la injusticia.
Gritar por vos debe ser gritar por lo que vos gritabas. ¿A quién le gusta que le usurpen su casa? Que vengan de lejos con papeles firmados para legetimar un robo ¿A quién le gusta?
Terrorismo es derramar sangre por tierras, por oro, por petróleo, o por derecha. Lo tuyo no era terrorismo. Lo tuyo era empatía.
Gritar por vos hoy es pedir que no se cierra tu causa, es pedir absolución para Jones Huala. Gritar por vos es gritar justicia para el pueblo mapuche, es pedir escuelas bilingües que enseñen el mapundungún. Gritar por vos es gritar por un Estado plurinacional.
¿Quisiera Santiago que hoy gritemos por él? Santiago quisiera que gritemos por quien gritaba él.
En el día de la Madre Tierra te llevaron, Santiago, brujo de ojos que pueden ver las injusticias debajo de las alfombras, detrás de las pantallas.
Tu mirada nos guía.
Tu grito nos despierta.
Tu tinta tatúa nuestro inconciente colectivo.
Tus ojos están en las paredes de mi ciudad.
Hay gritos que quieren callar.
Hay palos que se suelen pasar.
Hay miradas que no dejan de mirar.
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