La luna y el perro


Cítrica la luna se asoma cuando te saco a pasear.
Es un buen augurio.
Dice que hay que prenderlo,
tirar el humo al cielo,
y compartirlo con mi hermano,
que está lejos,
del otro lado del charco,
donde están floreciendo las acacias,
ahora,
en marzo.

Dorada se asoma la luna,
ovalada,
sobre los árboles de 3 de febrero,
mientras te paseo
y te agradezco
por acompañarme en los colapsos,
en las bienvenidas
y en los descansos,
aunque a veces me vaya lejos,
varias horas,
y vos me esperes aburrido
asomando el hocico
bajo la puerta negra.

En casi todos los árboles se esconde la luna,
pero en nuestra vereda se asoma,
y me hace pensar en el cielo,
que es el mismo cielo
que mira mi hermano,
tu hermano,
del otro lado del charco.
Nuestro hermano
que te extraña,
y se pone contento
de que también compartamos esto.

Justo cuando salimos la luna se asoma
y nos explica
que en esas cosas
está el brillo de luna.
Como cuando haces un quilombo bárbaro,
un quilombo hermoso,
porque llegué.
Y yo a veces paso casi de largo,
apurado,
pensando en mil cosas
en las que no está
el brillo de la luna.

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