Confidente a contramano
Ella siempre lleva un fibrón en el bolsillo,
huye de las luces que encandilan
y raya weas que te hacen pensar.
En la noche conoce las baldosas secretas
donde se esconden los tesoros del descarte,
y por la mañana no deja que la despierten las agujas del reloj.
Sus ojos ven la montaña en la avenida,
ven la injusticia dormir en las plazas,
ven la desgracia posar en los Mercedes
pero se cierran ante lo que agradece sincero.
Con o sin destino, camina rápido.
Nada la apura, pero nada pausa su andar,
Siempre parece estar yendo a algún lado,
aunque siempre dé las mismas vueltas
por el centro que ya no es un barrio.
Cuando se va ya tiene plan para el viernes,
y cuando vuelve ya no hay donde volver.
Entonces visita el nido de las lagartijas
que no tienen nombre pero cambian la piel.
Seductora de deseos de ultramar,
confidente a contramano,
entre las balas de una realidad
que no son noticia en los diarios.
Comentarios
Publicar un comentario