El farol en la penumbra.

Extrañamiento de la realidad, penumbra en la ciudad. Extraño me parece el sonido de fondo, extraña la falta de silencio, como el dolor de venas que trae el motor. Las calles se oscurecen cuando se apaga el farol, el aire se enturbia y las estrellas se ocultan del cielo que se aleja. Ya no hay fogata para el calor ni manzanas al despertar. El aire quema, los pulmones se queman, el alma se guarda en su cajón.

Las llamas ya no se cruzan en las rutas, ahora los pibes se derrumban en los barrios. Admiramos construcciones y no emociones, luces y no estrellas. Tanto ruido y no hay sonidos. Gris realidad hace de los colores un anhelo a esperar.

En el colectivo la gente no se mira. Nos quieren hacer creer que debemos odiarnos, temernos. Resulta que las similitudes son mera casualidad, reinan las diferencias como modo causal del pensar y obrar. Si te cruzo en cada plaza, en cada siesta al sol, ¿no me voy a acercar? Me golpea su forma de odiar, su desinterés, su pasar sin más. Me quedo con los seres de aprecio eterno, con los ojos que miran y las armaduras que abrazan.

Zampoñas y quenas que erizan la piel y besan nuestro aire. Nostalgia de amar la vida, de oír sus cantos, de crecer a cada paso y de entender el porqué. Mis ojos quieren no poderlo creer, y no esta falta de sorpresa. El cuerpo no quiere este orden de la separación, quiere amor en lo salvaje, apertura a lo completo de la nada, quiere volar allí sin más, como ese ave que respira del valle.

Plazas y arcayuyo. Quebradas y zamba. Despertar para vivir y dormir para soñar. Renovar nuestro mundo cada día para cambiar el de todos toda la vida. No quiero zapatos al cemento, quiero pies sobre la tierra y manos en los mil cielos.

La radio sólo repite un viejo tango que suena en un bar de mala muerte, sin aplausos al final, sin nada que desear. Necesito ese fulgor por sacar una sonrisa. Basta de repetidoras de la nada, creemos. Crear! Ahí está el ser! No en ser parte de una multitud de transeúntes haciendo trámites, de oficina en oficina, esperando un nuevo día para ser iguales y prohibirse ser. Quiero despertarme y amanecer sin saber que puede pasar, ancioso de ponerle el pecho a cualquier tormenta, de gritar mi nombre callando a los rayos.

Las rutas nos esperan abiertas. El mundo es nuestro para vivirlo, y cada ente es el mundo reflejado. Apertura, que entre la luz.

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