Trenes.
Tren de La Plata a Constitución.
Belleza poética de ver la luna desde la ventana del tren. La guitarra que viene del vagón de los malabaristas con esas canciones que terminan de generar la atmósfera justa, combinada con las luces que nos regala el cielo. No hay lapicera en mano, pero las palabras fluyen igual. “La locura es poder ver mas allá” resuena. Quienes no lo saben admirar son aquellos para los que la mediocridad es normal.
Tren de
Constitución a Mar del Plata.
El sol cayendo sobre los campos del centro de la provincia, y entrando por la ventana impactando en la visión, lo cual le da a toda la situación del tren un toque literario, como parte de una novela. Aunque puede ser sólo una combinación del humo del último vagón y la influencia de Roberto Arlt, es el sentimiento que experimento ahora. Nada me remonta a lo que es (¿o solía ser?) mi realidad en casa. Todo funciona de otra forma, impera el aquí y ahora. Desde esta perspectiva, cualquier cosa que se busque puede ser lograda, sólo es necesario realizar el esfuerzo requerido. Formando una nueva forma de ver las cosas, llenándome de aprendizajes y postales cada día. Parece ser que estamos llegando al objetivo. Nos avecinamos al mar y una nueva cosmovisión invade mi pensamiento y accionar, tal como el aroma del jazmín dibuja sonrisas al llegar octubre.
El sol cayendo sobre los campos del centro de la provincia, y entrando por la ventana impactando en la visión, lo cual le da a toda la situación del tren un toque literario, como parte de una novela. Aunque puede ser sólo una combinación del humo del último vagón y la influencia de Roberto Arlt, es el sentimiento que experimento ahora. Nada me remonta a lo que es (¿o solía ser?) mi realidad en casa. Todo funciona de otra forma, impera el aquí y ahora. Desde esta perspectiva, cualquier cosa que se busque puede ser lograda, sólo es necesario realizar el esfuerzo requerido. Formando una nueva forma de ver las cosas, llenándome de aprendizajes y postales cada día. Parece ser que estamos llegando al objetivo. Nos avecinamos al mar y una nueva cosmovisión invade mi pensamiento y accionar, tal como el aroma del jazmín dibuja sonrisas al llegar octubre.
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Los trenes
tienen algo que es difícil de describir. Se pueden ver tantas historias empezando,
tantos caminos nuevos. Algunos que rompen con la cotidianeidad, otros que sólo
se hunden en ella, pero todos en ese giro constante.
Sentarse al
lado de la puerta de entrada al tren, a ver el campo de pasada. ¡Que bella
forma de ponerse a pensar! Esos metros que están cerca de las vías, en los que
se deja ser a la naturaleza y no son tocados por la maquinaria humana, ese
aroma dulce y picante a la vez que no se bien qué lo genera. Las estaciones que
van pasando, con o sin parada. Todas tienen algún motivo que te tienta a
quedarte a explorar cada pueblo. Pero los objetivos están marcados, y mientras
más energía se enfoca en ellos más cerca están.
Sé que este
recorrer logró varias modificaciones en mí. Ahora entiendo el funcionamiento de
las expectativas, y su necesidad de una vista positiva para su logro. La forma
en viaje de buscar pasó a ser la general, el convencimiento también. Puedo
acercarme y plantear mi posición, mi pensar, sabiendo que las palabras que quieran
van a salir, sin presión alguna. Todo cambió en mí, aunque la esencia sigue
siendo la misma, con esa pureza que siempre supe que no se debe ensuciar, y que
resalta en todo lo que hago hoy, en todo lo que me identifica.
Los objetivos están cumplidos.
Los objetivos están cumplidos.

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