Escrito del antes y después personal.
No te nubles, cielo mío. No pares de iluminar el camino, no permitas
que caiga en medio de tal avance. De un momento a otro esos colores que
marcaban un momento vital, se desvanecen en un gris desteñido. Los
triunfos que creíamos haber conseguido ya no están. Estábamos tan cerca,
acariciando esa copa que se va de las manos, sin permitirnos probar un
trago. Se avecinaba esa revolución, lo sentíamos en el viento de
tormenta en una tarde soleada, y ahora no hay viento que seque nuestras
prendas.
¿Qué es lo que nos está pasando? Voy dejando que ese gris capitalice todo, que conquiste la vivacidad. Y sólo puedo ver el techo como reacción de conciencia inevitable. Pierdo el camino, pierdo los víveres conseguidos, pierdo la esperanza revolucionaria que invadía de sonrisas mis días. Todo se estanca así, y los canales quedan tapados. Toda la comunicación que habíamos logrado se trunca, perdiéndose los barcos que cruzaban el Pacífico.
Un hermano que se va, una puerta que se cierra. Una idea ya no se comparte más, proyectos de vida quedan en la nada. Nada actual parece que pueda llenarnos.
No voy a dejar que lo único que pueda cautivarme desaparezca. Yo esperaba un tren, y no va a irse sin mí. Es la única chance que nos queda de un cambio que nos haga crecer, el único rayo de fe que percibimos del futuro. Mientras tanto sólo hay espera, un tiempo que no queremos vivir, que sólo es transitar por las calles oscuras donde nadie conecta, donde todos están demasiado ocupados para vivir. La gente se refugia en rutinas horribles o en delirios que no les dejan nada a sus almas. Yo no tengo nada que ver con ellos. ¿Para qué sumarme a ese desfile de la normalidad? No, gracias. Me quedo con mi identificación, con la eterna búsqueda (que jamás perderá sentido), y con la espera del tren (que parece hacerse cada vez más larga). No soy parte de su homogenización de la personalidad, no voy a perder mi esencia por involucrarme en algo que poco me interesa.
¿Y ahora qué puedo hacer yo, siempre detenido en mis propias celdas, ante el gris cielo de tus ojos? "¿Qué me queda?" pregunto gritando en el medio de la calle, pero todos continúan con su pobre recorrido. Creo que tengo que ir a buscarte. Tengo que encontrar algo de luz en este abismo. ¿De dónde salió este desengaño del vivir? Es que todo se ve tan desesperanzado desde esta habitación.
Entre todo ese mirar al piso, caen certezas del cielo. Poco tengo que ver con esta ciudad. Ya son muy pocos los ojos que me modifican todo, pocos los motivos para quedarse y muchos los miedos para irse. Entonces sólo queda algo por hacer. Me voy a parar y voy a buscar todo lo que haya en este lugar que pueda alimentar mi alma. Voy a sincerarme con la misma totalidad ante aquellas miradas que les debo palabras. Daré todo los abrazos que tenga pendientes. Todos aquellos que supieron ver luz en mí, espérenme, voy a expresarles mi vida y mis razones con toda la realidad. No voy a guardarme una palabra ante nadie, que no queden silencios de los que arrepentirse. Tengo algo que decirte y esta vez no me lo voy a guardar. Voy a tocar todas las puertas que se abrieron con hospitalidad alguna vez. Quiero sentirme completo, y si nada lo logra, no tengo porqué quedarme.
Tal vez estoy tan caído como cuando agarré el papel. Pero estoy seguro de lo que voy a hacer. De mis labios saldrá toda la belleza que los oídos indicados deban escuchar. Y si nada la retribuye, buen camino para ustedes también.
¿Qué es lo que nos está pasando? Voy dejando que ese gris capitalice todo, que conquiste la vivacidad. Y sólo puedo ver el techo como reacción de conciencia inevitable. Pierdo el camino, pierdo los víveres conseguidos, pierdo la esperanza revolucionaria que invadía de sonrisas mis días. Todo se estanca así, y los canales quedan tapados. Toda la comunicación que habíamos logrado se trunca, perdiéndose los barcos que cruzaban el Pacífico.
Un hermano que se va, una puerta que se cierra. Una idea ya no se comparte más, proyectos de vida quedan en la nada. Nada actual parece que pueda llenarnos.
No voy a dejar que lo único que pueda cautivarme desaparezca. Yo esperaba un tren, y no va a irse sin mí. Es la única chance que nos queda de un cambio que nos haga crecer, el único rayo de fe que percibimos del futuro. Mientras tanto sólo hay espera, un tiempo que no queremos vivir, que sólo es transitar por las calles oscuras donde nadie conecta, donde todos están demasiado ocupados para vivir. La gente se refugia en rutinas horribles o en delirios que no les dejan nada a sus almas. Yo no tengo nada que ver con ellos. ¿Para qué sumarme a ese desfile de la normalidad? No, gracias. Me quedo con mi identificación, con la eterna búsqueda (que jamás perderá sentido), y con la espera del tren (que parece hacerse cada vez más larga). No soy parte de su homogenización de la personalidad, no voy a perder mi esencia por involucrarme en algo que poco me interesa.
¿Y ahora qué puedo hacer yo, siempre detenido en mis propias celdas, ante el gris cielo de tus ojos? "¿Qué me queda?" pregunto gritando en el medio de la calle, pero todos continúan con su pobre recorrido. Creo que tengo que ir a buscarte. Tengo que encontrar algo de luz en este abismo. ¿De dónde salió este desengaño del vivir? Es que todo se ve tan desesperanzado desde esta habitación.
Entre todo ese mirar al piso, caen certezas del cielo. Poco tengo que ver con esta ciudad. Ya son muy pocos los ojos que me modifican todo, pocos los motivos para quedarse y muchos los miedos para irse. Entonces sólo queda algo por hacer. Me voy a parar y voy a buscar todo lo que haya en este lugar que pueda alimentar mi alma. Voy a sincerarme con la misma totalidad ante aquellas miradas que les debo palabras. Daré todo los abrazos que tenga pendientes. Todos aquellos que supieron ver luz en mí, espérenme, voy a expresarles mi vida y mis razones con toda la realidad. No voy a guardarme una palabra ante nadie, que no queden silencios de los que arrepentirse. Tengo algo que decirte y esta vez no me lo voy a guardar. Voy a tocar todas las puertas que se abrieron con hospitalidad alguna vez. Quiero sentirme completo, y si nada lo logra, no tengo porqué quedarme.
Tal vez estoy tan caído como cuando agarré el papel. Pero estoy seguro de lo que voy a hacer. De mis labios saldrá toda la belleza que los oídos indicados deban escuchar. Y si nada la retribuye, buen camino para ustedes también.
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