No tengo sillón
Persigo el naranja del cielo,
el hervor de las nubosidades
y el ocaso del destello.
Nunca llego.
Sirve para moverme.
Vuelvo con la penumbra y los faroles,
que ahora son led y consumen menos,
como adicto en tiempos de sequía.
No tengo sillón.
O estoy incómodo o estoy tirado.
Mi casa es todo lo que puede ser.
En acto es un quilombo.
Ahora que bajé,
ahora que estoy solo,
ahora que los muebles hacen ruido,
¿qué tengo?
Vinos a mitades
(como mis proyectos),
fuegos desperdigados en distintas habitaciones,
y un deseo que si se asoma, pregunta
"¿por donde?"
Los vicios hoy son más aburridos,
las trampas son más dulces
y las dudas construyen más de lo que parece.
Llega el invierno.
¿Juntaste leña?
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