El agua universal.
Parece ser que debajo de todos los océanos, penetrando la corriente de los ríos, más allá de la profundidad de cada lago, toda el agua se une. Camino al centro de la Tierra. Se pierde la polaridad de dulce o salado y se llega a un sólo líquido sagrado. No hay diferencias entre cada curso, hay un sólo recorrido, el de siempre.
Es ésta la misma que brota de nuestros poros, es la misma que baña nuestras cosechas, que revive y recrea nuestros viajes. Es el Río Nilo que conoce el origen de las pirámides, es el glaciar congelado en la Patagonia, el Mar Mediterráneo besando las islas Baleares, el Río Amazonas huyendo hacia el mar en Belén. La que genera tus lágrimas, la que se vuelve jugo en el encuentro. Cada gota tiene un mismo origen. Es el agua universal.
Dimos un paso y entendimos que todo se rige por algo mayor. Sin agua no hay vida. El concepto de que "el río siempre va hacia el mar" quedó corto. Fuimos más lejos.
La corriente del Río Carcarañá siempre fue hacia el este. Desde antes que lleguemos, antes de que exista Lucio V. López. La cultura y nuestras ideas van y vienen. Pero el Carcarañá siempre fue hacia allá. El curso del río es más trascendental, como todas las cosas que estaban antes de que lleguemos. La naturaleza, el espíritu y el amor son ancestrales. La cultura tiene fecha de elaboración, por el contrario. Es aquí que entendemos que todo lo natural se rige bajo las (no forzadas) leyes del amor. Y nuestro espíritu se ilumina al encontrarse con este funcionar antiquísimo y nunca viejo. El agua está hecha de amor, y el amor fluye como el agua universal. Es líquido. El amor es líquido.
No se puede dar forma al amor. Éste se amolda, multiforme, infinito, a cualquier cosa. Donde no buscan manejarlo, es. Tiene que ser agua, porque es el que da la vida, el que siempre existió. Porque crea, como la fuerza vital que acumulo, que sube y pasea por mí, que puede generar una nueva vida. Y así es como dejamos que el amor nos bañe, sea como quiera ser, sea inmenso. Avanzamos y nos multiplicamos cuando dejamos que el amor sea líquido.
Las ideas comienzan a fluir como el río. Vienen y se van. Nos iluminan como el sol, como el de arriba y el que tengo al lado. Luna y sol se unen, nos bañan e iluminan el camino con ideas eternas que hacen entender el todo, fluir como cada gota del agua universal, que también forma este río y también nos forma a nosotros mismos.
El agua abrió las puertas de la naturaleza y el espíritu ancestral que habita en nosotros. Ya conseguimos la independencia que necesitábamos para continuar en esta búsqueda. Por delante tenemos nuevas aventuras en todo el universo (el mundo es finito), tenemos experiencias que van a llegar para tocar la tierra. Somos conscientes de que es la hora del espíritu. Al aceptarlo y entender el concepto del agua universal, se abre un portal ante nosotros. Nos iniciamos en un proceso anterior a nosotros y a todo lo que el ser humano creó. El camino por el cual el alma nos quiere llevar. Pulsamos hacia la búsqueda espiritual. Los relojes comienzan a sonar, se deshacen y el tiempo ya no existe. Entramos.
La cultura le da al cuerpo la posibilidad de crear. La naturaleza hace que el espíritu sea. Destruímos otra dicotomía, como me enseñó Dolina. Logramos ser plenamente en la ciudad, en la sociedad, si así nos disponemos. Nos permitimos escapar a la naturaleza para que nuestro espíritu sea real. Siempre lo fue, hoy lo dejamos ser. Y adentrándonos, creamos. Creamos un amor tan inmenso que puede dar vida, que puede generar obras eternas. La llave del amor abre las puertas de la naturaleza, y revegeta el alma. Hoy nos conocemos mucho más que ayer.
El agua fue y es el primer paso. No puede faltar en nuestras aventuras. Une todos los cursos. Revive la planta que estaba cayéndose. Arrasa y no avisa. Rompe y crea. Es una sola partícula. Abre las puertas de los demás elementos. Es primordial.
Entramos en algo mucho más grande.
Entramos en el curso del agua universal.
Es ésta la misma que brota de nuestros poros, es la misma que baña nuestras cosechas, que revive y recrea nuestros viajes. Es el Río Nilo que conoce el origen de las pirámides, es el glaciar congelado en la Patagonia, el Mar Mediterráneo besando las islas Baleares, el Río Amazonas huyendo hacia el mar en Belén. La que genera tus lágrimas, la que se vuelve jugo en el encuentro. Cada gota tiene un mismo origen. Es el agua universal.
Dimos un paso y entendimos que todo se rige por algo mayor. Sin agua no hay vida. El concepto de que "el río siempre va hacia el mar" quedó corto. Fuimos más lejos.
La corriente del Río Carcarañá siempre fue hacia el este. Desde antes que lleguemos, antes de que exista Lucio V. López. La cultura y nuestras ideas van y vienen. Pero el Carcarañá siempre fue hacia allá. El curso del río es más trascendental, como todas las cosas que estaban antes de que lleguemos. La naturaleza, el espíritu y el amor son ancestrales. La cultura tiene fecha de elaboración, por el contrario. Es aquí que entendemos que todo lo natural se rige bajo las (no forzadas) leyes del amor. Y nuestro espíritu se ilumina al encontrarse con este funcionar antiquísimo y nunca viejo. El agua está hecha de amor, y el amor fluye como el agua universal. Es líquido. El amor es líquido.
No se puede dar forma al amor. Éste se amolda, multiforme, infinito, a cualquier cosa. Donde no buscan manejarlo, es. Tiene que ser agua, porque es el que da la vida, el que siempre existió. Porque crea, como la fuerza vital que acumulo, que sube y pasea por mí, que puede generar una nueva vida. Y así es como dejamos que el amor nos bañe, sea como quiera ser, sea inmenso. Avanzamos y nos multiplicamos cuando dejamos que el amor sea líquido.
Las ideas comienzan a fluir como el río. Vienen y se van. Nos iluminan como el sol, como el de arriba y el que tengo al lado. Luna y sol se unen, nos bañan e iluminan el camino con ideas eternas que hacen entender el todo, fluir como cada gota del agua universal, que también forma este río y también nos forma a nosotros mismos.
El agua abrió las puertas de la naturaleza y el espíritu ancestral que habita en nosotros. Ya conseguimos la independencia que necesitábamos para continuar en esta búsqueda. Por delante tenemos nuevas aventuras en todo el universo (el mundo es finito), tenemos experiencias que van a llegar para tocar la tierra. Somos conscientes de que es la hora del espíritu. Al aceptarlo y entender el concepto del agua universal, se abre un portal ante nosotros. Nos iniciamos en un proceso anterior a nosotros y a todo lo que el ser humano creó. El camino por el cual el alma nos quiere llevar. Pulsamos hacia la búsqueda espiritual. Los relojes comienzan a sonar, se deshacen y el tiempo ya no existe. Entramos.
La cultura le da al cuerpo la posibilidad de crear. La naturaleza hace que el espíritu sea. Destruímos otra dicotomía, como me enseñó Dolina. Logramos ser plenamente en la ciudad, en la sociedad, si así nos disponemos. Nos permitimos escapar a la naturaleza para que nuestro espíritu sea real. Siempre lo fue, hoy lo dejamos ser. Y adentrándonos, creamos. Creamos un amor tan inmenso que puede dar vida, que puede generar obras eternas. La llave del amor abre las puertas de la naturaleza, y revegeta el alma. Hoy nos conocemos mucho más que ayer.
El agua fue y es el primer paso. No puede faltar en nuestras aventuras. Une todos los cursos. Revive la planta que estaba cayéndose. Arrasa y no avisa. Rompe y crea. Es una sola partícula. Abre las puertas de los demás elementos. Es primordial.
Entramos en algo mucho más grande.
Entramos en el curso del agua universal.

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