El amor en todas las vidas.


Justo cuando pensaba que transitar sin un amor era acercarse al vacío, encuentro el amor en todas partes.

En el otro; en caminar codo a codo con quién sea que la quiera pelear, en acercar una soga en medio de tanto desapego.

En crear simplemente por el certero hecho de nuestra infinitud, en entender que no tenemos forma, que nosotros decidimos como recrearnos.

En lo inacabado del conocer; en el saber de que nunca terminamos de aprender, y así seguir creciendo.


Justo cuando creía haber conocido la fórmula del amor, comienzo a entender que el amor no tiene forma, que hay miles de formas de amar.

Que la alegría que podemos transmitir con nuestra forma de ver el mundo, puede cambiarle el día y el paradigma al que viene caminando perdido.

Que amar a un solo ser es grande, pero amar a cada ente que forma el todo nos acerca más al entero, para poder cambiar el mundo.

Que podemos lograr que las emociones no nos dominen, endureciéndonos pero sin perder la ternura jamás.


Justo cuando caminaba sin rumbo y la mente me mostraba sus trucos más oscuros, entro en una certeza y en el camino a mi nueva casa.

En la grandeza de aquellos que entendieron que los objetivos individuales se vuelven enormes cuando coinciden con los universales.

En todas las almas que piensan hoy, que se unen y aprenden cómo accionar a partir del cuerpo, y así se reencuentran con sus almas.

En la aceptación de nuestras oscuridades, sin perder la conciencia de que si queremos hacer algo por alguien, es mediante el amor.


Justo cuando pensaba que vivía sin amor, empiezo a amar todo esto que vamos formando, empiezo a amarme una vez más.

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