Metamorfosis de avance III - Destruyendo dicotomías.

Copacabana, La Paz, Bolivia.
01/02/2014

Pisando lo que algunos supuestos profetas alguna vez llamaron el Edén. No creo que haga falta perder el cuerpo y la vida para experimentar ese placer. Esto me hace confiar mucho más en la realidad del cuerpo. Mis ojos nunca sintieron haberse completado así, llegando a lo más alto y alucinado por ese atardecer compartido. Aquí la rutina se hace apacible y abrazable. El alma se llena a partir de los sentidos, estamos destruyendo dicotomías.

Conociéndonos, explorándonos por dentro y por fuera. Aquí podemos saber sobre nuestra realidad mucho más claramente que donde solemos estar (pero no siempre ser). Una vez más Nietzsche me deja en claro muchas cosas, pero esta vez proviene de tus labios. Conocer y abrazar tu coraza hace que pueda ver a través de ello y entenderlo todo. No desprecio el cuerpo, pero tampoco el alma. Simultaneidad necesaria. Nadie me hará creer que algo me separa por dentro.

Hoy mi sonrisa y la tuya nos dan muchas respuestas. Sé que estoy en el paraíso, pero sé que mis objetivos están cumplidos aquí. De todas formas eso no elimina mi felicidad. Busco continuar mi camino. Como cantaba el Perro allá por Jujuy "Nunca más podrán para a este tren". Sigo avanzando por dentro, aunque ahora mi cuerpo lo pide, pues mi esencia sigue recorriendo y canta "La estación quedó atrás y ya es historia".

Ojos iluminados, resplandecientes. Rutas encendidas por un fuego de color desconocido. Caracoles y águilas. Caminantes truncados, guerreros traspolados bien conocidos por sí mismos. Fuego. Fuego que arde y no destruye, que sólo ilumina sin encandilar, que nos regala realidad. Noche que nos responde, tormenta que nos baña en crecimiento. Luz en cada rincón.

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