Delgada, ínfima.

¿Pasarías la línea sabiendo que, aunque puedas bailar sobre todos los diamantes, no vas a poder volver? ¿Entrarías en el certamen aunque seguramente pierdas la noción de juego y la de realidad?

Para caminar sobre la cornisa hay que ser conciente de la altura y de la posible muerte que ella conlleva. Mirarla, adorarla y esperarla sin buscarla, siendo luz todo el tiempo, aprovechando cada duda y cada camino.

Desde esta perspectiva se puede ver todo tan claro. Bajo el protagonismo de la locura llegamos a instancias incalculables, que alcanzan la cima con facilidad, pero no son aceptadas por los términos de la sanidad.

Tres saltos. Aterrizando el último ya nada es lo que ellos llaman real. Delgada es la línea entre el delicioso abismo y la gris cotidianeidad. Ínfima.

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